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MONTEVIDEO MI CASA (CRÓNICA I)

martes, 29 de abril del 2008 a las 12:13
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A las 5:00 de la mañana todo está en calma, todavía es noche cerrada y los primeros frios y las hojas que caen de los enormes plátanos que adornan Montevideo anuncian la inminente llegada del invierno.

 Nunca me había puesto a pensar en el montón de cosas que se pueden ver cuando no hay nada que mirar.  Sí, las 5:00 es una hora extraña.  Veo gente soñolienta que va de camino al trabajo cruzarce con gente soñolienta que regresa de alguna juerga. La luna brilla; está llena y brilla de forma feroz, como negándose a retirarse y darle paso al sol, sus rayos de plata bañan mi rostro, mi ropa y mis manos, me miro y una sonrisa asoma sin querer a mis labios, parezco el hombre de hojalata.   No hay viento, nada se muevo pero aun así, me permito llenarme la nariz con el perfume del mar, luego camino por las calles estrechas de lozas de piedra y faroles de luz amarillenta y hasta me parece viajar en el tiempo.

Ni se porque hoy me desperté observador, dispuesto a echar un vistazo a todo eso que veo a diario como mirando sin ver.   Que bonita es mi ciudad, con sus casistas antiguas y sus edificios modernos, sus plazas enormes con fuentes de bronce y mármol, flores, innumerables banquitos de madera, edificios elegantes y playas de fina arena, es todo tan bello!   Pero... que sucia es mi ciudad con su gente de mierda, los pichis en las esquinas y los chorros a la vuelta.

En el paroxismo de las contradicciones, si te asaltan te defiendes y si te defiendes vas preso a una cárcel que se llama Libertad ( y no es una metáfora, de veras se llama así) porque te asaltó con un cuchillo y le pegastes un tiro, tu premio es "libertad". Porque a los menores de edad no se los toca por mas delincuentes que sean y te roben una y otra vez y hasta incluso te lastimen, si te defiendes, tu premio es "libertad"  

Pero cuan bella es mi ciudad, con su gente de mierda. Todos en la chiquita buscando la ventaja. Porque el que trabaja es un gil y el que hace cebo un fenómeno.  

 En la capital de la cultura, hay muchos museos a los que nadie va, y todos nos quejamos de la decadencia en que vivimos y a la noche encendemos el televisor para ver "bailando por un sueño" para ver si el ciego se clava de pico contra el suelo, o a algún gato se le escapa una teta. Cuan ilustre es mi ciudad con su televisión basura.

   El mate, las tortas fritas, la garra charrúa, Obdulio y el 50,todo mentira!!

A todos les gusta el candombe, pero "que horrible Tota, podés creer que el novio de la nena es negro?"   "No te puedo creer, que barbaridad", dice la Tota indignada, mientras pensaba que según le habían dicho y ella pudo comprobar los negros la tienen mas grande.  

 El bus me lleva a mi trabajo, en cada parada unos bajan y otros suben, pero todos se pechan para ser los primeros, de a poco el sol asoma con su roja corona y todo se tiñe de colores caprichosos. "pasando al fondo que hay lugar" dice el guarda golpeando con una monedita el la ventana, mientras yo me apreto entre la pared y una señora gorda que me pisa.     Llego a mi oficina, y me invade el olor a café, son las 6:00 a.m.  no hay que ser tan negativo solo faltan 16 horas para que acabe el día.

ODA SOBRE LA MUERTE

lunes, 28 de abril del 2008 a las 20:18
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Solo espero una muerte rápida,
Sin dolor, sin violencia,
Que me lleve lejos, fuera de la jaula de oro.

Que mi alma se libere sin más
Del insoportable peso de mi cuerpo
Y del lastimoso lastre de mi conciencia.

Solo espero una muerte suave,
Que me lleve de la mano
Cuando mi cabeza toque la almohada
Para dormir el último sueño.
Cuando el último sentimiento
Se libere con el último latido,
Y el último pensamiento vuele;
Cuando se duerma mi conciencia,
Quiero sentir que estoy realmente vivo.

Me sentiré feliz, seré testigo;
Veré sin que me vean, oiré sin que me oigan.
Seré afortunado si al recordarme
Sonríe un amigo.

Solo espero una muerte rápida,
Sin tragedias, sin testigos.
Y que solo quede de mí una cosa,
Los versos de esta mano
Y de esta pluma con la que escribo.

UNA CARTA: Lujuriosa Pasiòn

lunes, 28 de abril del 2008 a las 20:09
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Querida amiga:<o:p></o:p>

 <o:p></o:p>

                                    Déjame que te cuente cuanto tengo en mi alma, te ruego sepas disculpar si mis torpes palabras no son del todo comprensibles, pero es tan movilizador recordar todo esto que me tiemblan las manos mientras te escribo.

Encontrábame yo en un viejo sillón de raso con Stephi y Camila, los tres nos besábamos y de tanto en tanto Alexander se sumaba a nosotros besándolas distraídamente y acariciando sus largas piernas de mortecina tez.

  La excitación era mucha, el deseo poderoso, hiriente, salvaje, arrollador.  Mi reina miraba la escena de lejos, recostada sobre una pared mientras fumaba despacio.

 Yo esperaba que se uniera a nosotros, aunque en el fondo sabia que no.  Ella se acerco lentamente, se sentó sobre mi como quien monta un caballo, su pelvis contra la mía dejaba sentir el contorno de su vulva, que sensación tan exquisita, la recuerdo nítidamente, su boca me beso y posando un dedo en mis labios me impuso silencio, luego mojo y mordió mi oreja y susurro en mi oído, "esta noche serás solo para mi, te pertenezco desde el primer momento, igual que vos a mi".

Se levantó majestuosa con su aire despectivo y extendió su mano ayudándome a levantarme.

Su habitación  olía a perfume de jazmín, al poco rato no sentía otro aroma que el de su intima esencia, que mi boca recogía con tanto gozo y mi lengua degustaba cada gota de su olímpica ambrosía. Todavía recuerdo como ató mis manos al respaldar, lo hizo con una ternura inusitada, "para que nuca te vallas", me dijo y me beso fuertemente mientras cabalgaba sobre mi.

 No se cuento duro todo eso, ¡pero que placer sentí esa noche! Como me deleite mirando su espalda mientras dormía cuando había pasado ya la tormenta de la pasión.

 

Supongo que abajo todos reirían y beberían, para nosotros las fiesta había desaparecido, y el mundo también.

Siempre tuyo afectísimo,

 

Ruffus Von Dark

HOGAR DULCE HOGAR

lunes, 28 de abril del 2008 a las 19:56
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"El suicidio es, quizás, la más valiente

de las decisiones cobardes."

 

1

El piso que se tiñó de rojo

 

Cuando los padres de Dolores llegaron a lo que siempre creyeron, o por lo menos siempre se forzaron a creer, era su hogar,   y no meramente una simple casa, se encontraron con un cuadro dantesco.

Ni bien cruzaron el umbral, vieron en el pulcro piso un charco de sangre, el cual desaparecía tras la puerta de su hija mayor.  Alarmados y temiendo lo peor, corrieron hacia la habitación tratando en vano de abrir la puerta que se hallaba cerrada por dentro.  Inmediatamente comenzaron a gritar el nombre de su hija tan alto como sus gargantas se lo permitían, hasta el punto en que lastimábanse sus oídos con los desgarradores gritos.

El padre, que como es de suponerse, era le más fuerte de los dos se lanzó contra la puerta varias veces hasta que por fin logró tumbarla. No podían sus ojos  dar crédito de lo que en ese momento vieron. Sobre el sillón, que estaba orientado de frente a la puerta, yacía Dolores, ya sin vida, con las muñecas cortadas y los ojos abiertos. En las mejillas habían aún lágrimas que todavía no se habían secado, tenía en el rostro una expresión extraña, mezcla de tristeza y alivio y sus pies desnudos estaban teñidos del rojo color del que únicamente es dueño la sangre. De esa triste manera había terminado la vida de una joven muchacha de tan solo veintiún años. Ante la grotesca escena reaccionaron sus progenitores de maneras distintas.

 

El padre quedó inmóvil, petrificado sin poder hacer el más mínimo movimiento, sintiendo en el pecho un dolor tan agudo como el que produce un puñal cuando es enterrado por la mano cruel, recorrió con la mirada el inerte cuerpo queriendo encontrar alguna explicación para la tragedia.  En cambio la madre se lanzó sobre el cuerpo todavía tibio sacudiéndolo con la esperanza de que volviese a la vida. Llorando y gritando, presa de un ataque de histeria, lamentábase una y otra vez diciéndose a si misma que era su culpa, y pidiéndole perdón a Dolores, pero ya era demasiado tarde.

 

Luego dándose vuelta observó a su marido con la mirada que tiene quien experimenta esa mezcla de dolor y odio, se abalanzó contra él descargándole numerosos golpes en el pecho diciéndole que él más que nadie era culpable de todo lo sucedido y que jamás se lo perdonaría, lo que al principio eran insultos, pronto se convirtieron en inteligibles palabras ahogadas por el llanto y luego de unos momentos cayó desmayada.

 

Los hechos que después se sucedieron no son difíciles de imaginar.

 

Luego del entierro la vida en ese hogar trató en vano de ser lo más normal que fuera posible, pero el destino quiso que en aquella casita de Villa Muñoz, ya nunca hubiera paz. Los días se convirtieron en semanas, que pronto fueron meses sin que el matrimonio pudiera tan solo una noche conciliar el sueño.

Al terminar la jornada, cuando se disponían a descansar, acostábanse ambos sin decir la más mínima palabra. En silencio meditaban y se hacían las mismas preguntas, preguntas de las que sabían las respuestas pero no tenían el valor de admitirlo.

 

 

2

Lúgubre

 

 

Dolores creció y vivió siempre en aquella casa de techos altos, habitaciones grandes y muebles antiguos.  Mientras duró su infancia no tubo mayores problemas, era pues, la envidia de todos lo niños y niñas de la cuadra, siempre podía ir a donde quería, o jugar hasta cualquier hora en la vereda, y si traía malas notas en el boletín escolar tan solo le reprendían un poco pero nada más.

 

Cuando llegó a la adolescencia, la cosa no cambió demasiado, seguía siempre haciendo lo que quería y con frecuencia faltaba a clases. Una vez, cuando estaba en 4° grado, tubo unos problemas con una compañera que venía de un lugar muy distinto al que a ella le había tocado en suerte, una chica de la calle, de esas que les tenían bronca y odio a las chicas lindas, de buen vestir y sin necesidades insatisfechas, por más que le comentó a sus padres la situación estos no le dieron importancia, y cuando una tarde de viernes salía de clase de gimnasia en el liceo 29, le dieron una paliza que le dejaron como resultado la nariz y varias costillas rotas, lo único que el padre le dijo fue que era su culpa por no saber defenderse.

 

No sabía Dolores, si era peor el dolor de sus heridas o el de su corazón y supo en ese momento que estaba sola en el mundo y que si de alguien podía esperar ayuda era solo de ella misma. Luego el tiempo, que sana todas las heridas, borró por completo las huellas de aquella golpiza.

 

Poco a poco fue Dolores convirtiéndose en una hermosa mujer. El día en que cumplió veinte decidió salir a festejar con sus amigas a algún boliche, ella hubiera preferido hacer una pequeña reunión en su casa, pero la situación económica no lo permitía, además le daba bastante vergüenza el hecho de que en su casa se sentía como un extraño, casi como si fuera un mueble más, y no quería que sus amigas vieran como sus padres casi no le dirigían la palabra diciendo siempre que no tenían tiempo para sentarse a charlar de cosas sin importancia, que a su edad ella tenía que charlar con sus amigas y no con ellos que eran más grandes y tenían otras preocupaciones. Así que al llegar la noche, se vistió con sus mejores ropas, y se maquilló exquisitamente, estaba realmente hermosa, vestido de seda y encaje negro se parecía al dulce ángel de la muerte.

 Al salir de su cuarto se paró enfrente de la televisión que estaba en la sala y dando una vuelta sobre si misma les dijo a sus padres.

---¿Cómo estoy?

A lo que estos respondieron secamente.

---Estás bien, y hacéme el favor de salir de enfrente de la pantalla que no sos transparente.

 

Sintió ganas de llorar, pero se contuvo a duras penas; no entendía porque la trataban de esa manera, ni siquiera en el día de su cumpleaños había para ella una palabra amable, un gesto de cariño. Cogió su abrigo y su cartera y salió de la casa, en el momento en que estaba cerrando la puerta sintió que su madre le gritaba.

---¡No te olvides de la llave que yo no soy tu sirvienta para levantarme a abrirte la puerta a la hora que se te antoje volver!

 

Cerró tras de sí la puerta y esperó pacientemente a que vinieran por ella, hacía mucho frío, pues eran los últimos días de mayo, pero era mejor estar allí afuera que adentro donde no había lugar para ella. Luego de un rato, aparecieron en la esquina recortadas las siluetas de sus amigas, estas se asombraron de que les estuviera esperando en la puerta con el frío que hacía pero no le dieron mayor importancia al hecho.

Después de un rato se encontraban bailando al son de los hits del momento y esa noche conoció Dolores a quien creyó sería el hombre de su vida. Él era atento, considerado, educado y muy apuesto.

 

Durante los primeros meses Dolores pareció olvidarse por completo de su situación familiar, pero es sabido que no se puede tapar el sol con un dedo.

 

Con el paso del tiempo los problemas comenzaron otra vez a perturbarle, no obstante se sentía contenida por aquel príncipe azul que tanto la comprendía, pero muchas veces en su casa no había ni yerba para tomar unos mates, y sentía mucha vergüenza de que él fuera a visitarle, pensaba para si que en cualquier momento se aburriría de estar con una muchacha como ella,

que nada tenía para ofrecerle, en cambio él tenía un buen trabajo, en su casa nunca faltaba nada y mantenía con sus padres una estupenda relación.

Por otra parte, a Gabriel, que así se llamaba el muchacho, no le simpatizaba su padre, lo consideraba un verdadero imbécil, y los relatos que de este le hacía Dolores no contribuían a cambiar esa imagen, y si bien sentía cierta vergüenza de que este viniera a ver su heladera vacía, también le molestaba que no quisiera venir a visitarle

 

De esa manera la relación se fue gastando y con frecuencia discutían por cosas sin sentido. En la mente de Dolores fueron lentamente operando algunos cambios, que se exteriorizaron en variaciones en sus hábitos, comenzó a vestir de manera descuidada y su carácter se volvió muy apacible, ya todo le daba igual, por nada protestaba ni discutía, ya no ordenaba su habitación ni habría las ventanas.

 

A parte del tiempo que pasaba con su novio permanecía sola  y en silencio  en su habitación. Desde hacía tiempo se le había instalado en la cabeza la idea de que Gabriel ya no la quería y temía que en cualquier momento le abandonara.

 Con frecuencia sentía deseos de llorar sin motivo aparente, sentía hambre pero se negaba a comer y solo lo hacía cuando la inanición  llegaba un punto tal en que a causa de la debilidad sufría mareos y le costaba mantenerse en pie.

 

No era su actitud causa de terquedad o de rebeldía, era fruto de la situación en la cual se encontraba casi a diario, era el resultado del constante hostigamiento, de escuchar una y otra vez que era una inútil, una "vaga de mierda" (que era la expresión favorita que tenía su padre para ella), que nunca colaboraba en nada con la casa, que comía se vestía y se bañaba de arriba, pero esto no era tan cierto. Dolores no tenía trabajo, pero iba a la feria todos los días menos los lunes, porque no había ninguna, debido a la situación del país no se vendía mucho, con lo poco que vendía trataba en principio de reponer la mercadería, después de todo era lo que su padre le decía, que esa era la única forma de que tuviera un puesto bien surtido y que después de un tiempo podría ver la ganancia, pero sucedía que luego volvían nuevamente los mismos reproches, "vos nunca ponés un peso para nada, pero bien que sabes comer lo que te servimos".

 

No entendía esa actitud, le costaba trabajo entender que no se dieran cuenta que ella no colaboraba porque no podía, pues si les daba plata no podía reponer y se iba a fundir otra vez, pero era inútil discutir, entonces optaba por generar la menor cantidad de gastos posible, se compraba ella misma la comida cuando podía y solo por última necesidad comía en su casa, hacía ya bastante tiempo que se encontraba en esa situación, escuchaba con frecuencia que su padre le decía a su madre "sacale la ropa del lavarropas, si quiere que se compre jabón y se la lave ella en el patio". Sin protestar en lo más mínimo comenzó a comprar jabón y a lavarse la ropa, siempre con el dinero que salía de la feria, reponiendo cada vez menos mercadería con lo cual poco a poco comenzó otra vez a fundirse, y ella sabía bien que si se fundía los reproches serían peores, pero no había nada que ella pudiese hacer para evitarlo.

 

Fue de esa manera que comenzó a revolotear en su mente la idea del suicidio como solución a todos sus problemas. Intentó unas cuantas veces llamar la atención de sus padres con la esperanza de que estos mostraran alguna señal de interés por ella, incluso llegó a quedarse en la casa de su novio durante tres días sin avisar nada en su casa y cuando volvió esperaba que le regañaran, que le dijeran cuanto disparate quisieran, si lo hacían quería decir que se habían preocupado, pero lo único que le dijeron fue:

--- Ayer te llamó Claudia, yo le dije que no sabía donde estabas y que cuando llegaras la llamabas, pero de acá ni pienses que vas a llamar, si querés a la vuelta tenés un teléfono público.

Era evidente que no les importaba nada de ella y no había nada que hacer al respecto. Cada día que pasaba, cada discusión que se generaba, alimentaba más y más la idea de quitarse la vida como medida de salvación. Su estado mental se iba deteriorando lenta, pero fatalmente, si bien no era perceptible, ni tampoco se podía decir que estaba loca, su mente se estaba enfermando, su alma moría de a poco prendada del fatídico veneno de la soledad y el desamor.

 

 El campo de las discusiones se había extendido a todos los grupos de los que formaba parte, llegó un punto en el cual pensaba que todos la despreciaban, por lo que no quería tener contacto ni con sus amigas, ni con sus padres, ni con sus tíos, ni siquiera con su hermano, que era el único que siempre estaba a su lado para contenerla incondicionalmente.  Todos le habían traicionado de un modo u otro, tan solo le quedaba Gabriel, que ya no era el mismo de antes pero por lo menos todavía le mostraba un poco de respeto y de cariño, aunque las discusiones eran cada vez más frecuentes, lo cual sabía bien que llevarían de un momento a otro al final de la relación.

Una noche, después de una discusión con su novio, volvió a su casa, encendió un cigarrillo y quedo sentada en el medio de la sala, sola como siempre, sola como nunca...

 

Pero no duraría mucho más ese tormento, cuando se apagase el cigarrillo, se apagaría también su miserable existencia. Cortóse las venas de ambas muñecas con un cuchillo que había en un plato con restos de comida que ella misma había dejado antes de salir y sintio una sensación extraña, al dolor siguió el ardor, era como tener un leve fuego recubriendo sus muñecas y manos ya teñidas completamente de rojo. "Es una sensación agradable", pensó;  y lentamente caminó hacia su habitación, entró cerrando tras de sí la puerta para no volver a abrirla jamás, se sentó en el sillón el cual había dispuesto adrede frente a la puerta para que en cuanto la abriesen pudieran ver el resultado de años del maltrato y simplemente esperó.

 

 

 

3

LA ÚLTIMA CARTA

El resto de la historia poco la vale la pena que sea contada, ahora que es demasiado tarde los padres de Dolores, se lamentan de no haber estado con su hija lo suficiente para que se sintiera querida, les remuerde por la noche la conciencia, por el deber no cumplido, y porque se saben culpables de lo ocurrido y en cierto modo se saben asesinos.   Ese tormento les acompañará hasta el día en que el último suspiro de vida salga de ellos para dar paso a la otra vida. Pero si algo faltaba para que tuviesen ellos plena conciencia de su cuota de culpa, Dolores dejó una carta en la cual explicaba el porque de su determinación.

 

Sr. y Sra Romero:

                               Por la presente deseo hacerles llegar a ustedes mis más sinceras disculpas por todas las molestias causadas desde le día de mi nacimiento a la fecha, y también por la mancha de sangre que en estos momentos debe estar seguramente manchando el piso del comedor y el de ésta habitación, lo cual es imperdonable.

 

Deseo que tengan ustedes plena conciencia de que jamás fue mi intención el molestarles de ninguna manera, soy plenamente consiente de que mi presencia causaba gastos que ustedes juzgaban innecesarios, superfluos y molestos, siendo esto motivo de frecuentes peleas entre ustedes y yo.

 

Por lo tanto y viendo que mis esfuerzos por no generar gastos ni incomodarlos con mi presencia son en vano y ante la imposibilidad de poder irme y llevar una vida digna lejos de aquí, he tomado la determinación de dejar este mundo con la esperanza de que si existe otra vida pueda encontrar en ella un lugar en el cual pueda llevar una existencia digna sin ocasionarle molestias a nadie, y si no la hubiese por lo menos me queda el consuelo de haber dejado atrás una existencia miserable, la cual se me impuso por el simple delito de haber nacido.

 

Esperando que de ahora en más puedan ustedes vivir felices,

 les saluda atentamente:

 Dolores Romero.

 

P.D. No es que me importe demasiado pero si me sacan de aquí rápido se ahorrarán las molestias ocasionadas por el "rigor mortis". Es bastante desagradable y muy molesto.

 

*************** *************** **************

 

Quizás, y eso es lo triste, sea esta una historia más frecuente de lo que nosotros no imaginamos, a diario vemos en las calles niños y adolescentes en las esquinas pidiendo a los que pasan, o seguramente conocemos a algún pibe que pasa todo el día en la calle, o que habla poco, que siempre esta triste, o que se refugia en la soledad. Si buscamos un poco no nos será difícil encontrar una situación de estas, por todos lados hay familias Romero.

 

Hoy hace dos años que mi hermana decidió irse para siempre de este mundo, con la esperanza de encontrar una vida mejor, y si bien al principio me costó entender su actitud hoy la comprendo perfectamente, y si bien la extraño mucho y me encuentro hoy en una situación similar no tengo el valor de seguir sus pasos... aún.

 

 

 

 

 

 

 

 

LA CONFIRMACIÒN DE LA FÈ

lunes, 28 de abril del 2008 a las 15:00
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"Dime maestro, ¿quienes son aquellos que
tan pronto corren a la orilla pestilente de oscuras aguas?
Esas, me respondió el poeta, son las almas
De las tristes gentes que han perdido el don de la inteligencia"
DANTE ALIGHIERI

Capitulo 1

Un domingo particular

La iglesia de San Miguel, una como tantas de Montevideo, es un edificio lúgubre y bastante venido a menos. Salta a la vista que en el pasado supo tener mejores momentos.

Enclavada en la esquina de Concepción Arenal y Porongos, está situada en el corazón de "Goes"; su torre de hormigón domina el paisaje del barrio y sus tristes y roncas campanadas rezongan cada tarde, más o menos a la misma hora llamando a los fieles a escuchar la palabra del Señor.

Al llegar los creyentes, a la hora de la misa, encontrábanse con sus rejas de hierro perpetuamente entre abiertas y unas enormes puertas de madera que chillaban lastimosamente mientras giraban en sus goznes. En el interior, húmedo y frío, de paredes descascaradas adornadas con viejas pinturas que poco tenían ya de celestial, escuchaban los fieles la palabra de Dios en la voz del Padre Rogelio que reverberaba molestamente.

Algunas veces la misa era más larga, otras no tanto. De vez en cuando se ausentaba el Padre Rogelio dejando a los buenos cristianos sin su misa de la tarde.

Fue una tarde de domingo, en la que si bien hacía buen tiempo el frío era terrible, que el Padre Rogelio se encontraba más disperso que nunca, le costaba trabajo concentrarse al punto tal que se perdió en varias oportunidades mientras leía la Biblia. La causante de su perturbación era una hermosa joven de unos dieciséis o tal vez diecisiete años que sentada en la primera fila de bancos, deslumbraba al cura con sus pechos bien formados, exquisitamente contorneados tras la ajustada camisa y su boca de labios carnosos era de un endemoniado rojo sangre tan intenso que volvía innecesario el que usara carmín. Completaba el cuadro general un par de ojos azules, cabello negro azabache, cadera generosa y una suave y nivea piel.

Mientras con los ojos cerrados y los brazos en cruz, rezaba el Padre Nuestro casi de forma maquinal y automática, se formaban en su mente las más eróticas escenas en las que su cuerpo y el de la joven se mezclaban entre las sábanas.

--No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal, decía el Padre Rogelio mientras en su mente veía como la húmeda y pequeña boca de la joven cristiana se veía invadida por su pene, ella lo lamía y succionaba con fuerza, mientras que con una de sus manos tiraba de sus testículos con firmeza produciéndole un intenso pero a la vez agradable dolor.

Fue entonces cuando de dio cuenta de que su pene estaba erecto. Lleno de culpa se sintió más descolocado que nunca. A continuación dio un sermón, más que largo tedioso, sobre la sexualidad antes del matrimonio.

La misa terminó, después de cenar en abundancia, el Padre Rogelio tomó una breve ducha y se retiró a su habitación, la que se encontraba en el segundo piso de la parroquia, pegada a la torre del campanario.

Recostado en su cama, al amparo de la oscuridad se masturbó, primero su ano (lo hizo introduciéndose una vela) y luego su pene. Cuando hubo terminado, sacó de su mesita de noche una botella de Whisky, llenó un vaso y luego de un largo sorbo encendió un cigarrillo y tumbado en la cama, desnudo y sudoroso, se quedó contemplando las volutas de humo gris.   Se durmió.

 

Capitulo 2

El hombre parado en la esquina

No podía decir el Padre Rogelio cuanto tiempo estuvo dormido, solo sabía que aún era de noche. Por algún motivo se despertó sobresaltado. Todos sus sentidos se encontraban alerta; sin comprender porqué, se sentía observado.

Permaneció unos momentos inmóvil en su cama sin saber que hacer, por un instante creyó estar volviéndose loco, no había tenido ninguna pesadilla, tampoco tenía enemigos ni sufría de ataques de pánico y sin embargo estaba helado de miedo, alguien le observaba, le asechaba desde algún lugar. Podía sentir su presencia.

Armándose de mucho valor, se levantó de la cama acercándose a la ventana. Descorrió la cortina lo necesario para permitirle a un solo ojo mirar hacia fuera y entonces lo vio. Era un hombre caballero alto y delgado, vestido con un traje inglés negro de la época victoriana, una capa al tono abierta sobre sus hombros, un sombrero de copa tocaba graciosamente su cabeza y empuñaba en la diestra un bastón de plata.

Absorto en su contemplación se encontraba cuando se percató que aquel extraño también le miraba, se lo confirmó el hecho de que aquel levantó una mano a modo de saludo.

--No puede ser, se dijo a sí mismo, está oscuro y apenas si he descorrido la cortina.
Entonces, como para terminar de convencerle, el extraño caballero se quitó el sombrero y acto seguido se inclinó haciendo una reverencia y luego fijo su vista en la ventana del Padre Rogelio.

Asustado se alejó de la ventana y permaneció en su cama sin poder conciliar el sueño.
Al cabo de un rato volvió a la ventana y echó un vistazo del mismo modo que había hecho antes, el extraño caballero aún se encontraba allí, mirando fijamente hacia su ventana.
Un impulso irresistible le hizo salir de su habitación, llegó hasta la puerta de la parroquia, vaciló un momento y finalmente al abrirla dejó escapar un grito ahogado, tal fue la impresión que le produjo al verle parado al otro lado de las rejas.

Le contemplaba atónito y fascinado, curioso y temeroso. Por primera vez pudo contemplar de cerca su rostro marmolado y delgado, aunque hermoso. Las cejas finas y bien delineadas resaltaban aún más la blancura mortecina de su cara. Sus ojos eran brillantes e intensos, rojos como dos rubíes eran de mirada penetrante e hiriente, extrañamente llenos de vida, de pasión. La boca pequeña de filosos labios tenía un contorno perfecto y guardaba en su interior unos dientes perfectamente blancos.

--¿Es qué vas a quedarte toda la noche parado ahí Rogelio, no pretenderás que entre yo a buscarte verdad?

El cura atónito, dejó escapar una pequeña exclamación mezcla de asombro y horror.

--Si, continuó aquel, no debes de asombrarte de que sepa tu nombre, sé mucho más que eso, como es de tu conocimiento yo lo sé todo. No es de buena educación el dejar a las visitas esperando a la intemperie en medio de la noche, así que puesto que no voy a entrar, vas a tener que salir.
--es que no le conozco a usted, comenzó a decir Rogelio.
--¡Ah! No me vengas con esas cosas, sabes perfectamente quien soy.
--No señor, no lo sé.
--¿Vas a salir o qué?
--Espere un momento, iré por un abrigo.

Unos minutos después ambos hombres se encontraban en la esquina de la parroquia contemplándose el uno al otro.

--¿Es que no vas a decir nada, no vas a preguntar porque vine a verte?
--Le repito señor que no se quien es usted
--¡Bah! No sigas con esos cuentos Rogelio, hizo una pausa y le miró divertido, yo soy aquel a quien tú combates.

El Padre Rogelio le miró con rostro severo aunque no contestó, se limitó a pensar en la posibilidad de que aquel hombre fuese un loco, aunque también pensaba, y esto era lo más probable, que fuera tan solo un bromista de mal gusto.

--Si, Rogelio, continuó el otro, yo lo sé todo; todo cuanto dices, todo cuanto piensas. ¿Verdad qué es extraño? Le dijo con sorna.
--No es cierto. Usted no puede ser...
---¿Lucifer? ¿Satanás? O acá entre nosotros...
¿El Diablo? Claro que si, aunque yo prefiero que me llamen Damián. Por supuesto que no me iba a aparecer todo rojo y con cuernos y cola. Nunca me gustó que me representaran de esa forma, me parece de mal gusto. Claro que si eso sirve para convencerte lo puedo hacer.
--¡Basta! Ya me canso con esta locura suya de pretender ser Satanás, que pase usted muy bien y buenas noches.

Dio media vuelta y emprendió el corto camino que lo separaba de la iglesia. Apunto estaba de entrar cuando el otro dijo.

--Cuando tenías diecisiete años, un día como el de hoy, tu hermano, que siempre fue un poco irresponsable, tuvo un accidente, quedo muy grave y por poco muere. Entonces fuiste a la iglesia de San Pancracio, mitad llorando, mitad rezando prometistes servirle a él durante toda tu vida, dijo apuntando a la iglesia con un dedo, a cambio de que lo salvara. Pasaron los días, que se convirtieron en semanas y estos en meses. Fue al décimo día del tercer mes que despertó del coma, pero nada fue igual, pues había quedado paralítico y solo sus brazos se movían, más sus piernas quedaron inútiles y jamás volvió a caminar.
Vos que siempre fuiste un tipo correcto te hiciste cura, aunque no muy convencido, ya que tu hermano no había quedado bien, pero temeroso del castigo de Aquel cumpliste tu promesa.
Cuando por fin terminaste tus estudios y te convertiste oficialmente en servidor de tu Señor, te asignaron esta iglesia de mierda que se cae a pedazos y nadie quiere. Pasaron dos años y una noche sonó el teléfono y tu madre llorando del otro lado del cable te dijo que Joaquín se había suicidado dejando una carta explicando el porqué de su decisión, la cual a mi entender fue la más acertada.
¿Ahora te convences de quien soy? Sé que a nadie le dijiste porque te hiciste cura, pero yo lo sé, pues es de mi entender todo cuanto ocurre y nada se me escapa.

Rogelio quedó petrificado en la puerta de la iglesia sin saber que hacer, la confusión se había adueñado de su mente, estaba perplejo y asustado.
--Ven conmigo, le dijo Lucifer, Señor de las sombras extendiéndole su mano de finos dedos y puntiagudas uñas prolijamente pintadas de azabache. Iremos a dar un paseo, antes del amanecer estaremos de nuevo aquí, te lo prometo.
--¿Cómo se yo que no me engañas, que no vas a hacerme nada malo?
--No puedes saberlo, pero si te sirve de algo si quisiera matarte ya lo hubiera hecho.

 

CAPITULO  3

El morbo según Satanás

Caminaron juntos, uno al lado del otro alejándose de la iglesia. Rogelio iba tenso, de tanto en tanto miraba a su acompañante por el rabillo del ojo pues no se atrevía a mirarle de frente. Hacía ya largo rato que se hallaban en silencio cuando Lucifer le dijo, en el tono que se emplea cuando se contesta una pregunta obvia.

--Vine porque lo pediste
--¿Eh?
--Estabas pensando en porqué vine a verte, te lo estoy respondiendo.
--Pero yo no te llamé, respondió Rogelio un poco abrumado.
--¿No? Desde siempre te preguntaste si Dios existía, si algún día estarías seguro de lo que hacías y aquí estoy.
--Es verdad, pero no veo que tiene que ver.
--¿No? Yo si. Estoy confirmando tu Fe, Rogelio. En tu librito, se habla mucho sobre mi; entonces, si yo existo, todo cuanto te cuestionabas es verdad. Pero sigamos caminando, pronto llegaremos a nuestra primera parada, hay algo que deseo que veas.

El camino los llevó hasta la Plaza de las Misiones, esta ocupaba toda una manzana, estaba unos cuantos metros sobre el nivel de la calle. Unas palmeras, algunos arbustos y pasto seco era todo cuanto poseía además de algunos juegos para niños hechos en acero y unas pocas hamacas, todo esto en muy mal estado.
No subieron a la plaza, sino que detuvieron su marcha a mitad de cuadra. Satanás apuntó con su mano a una casa de dos pisos que había en la vereda de enfrente. Era blanca, de estilo moderno con un gran balcón en el que colgaban algunas ropas que se secaban después de un lavado. Tras las ropas había una ventana en la que una tenue luz de color amarillento se encendió, por su poca intensidad resultaba evidente que se trataba de una lámpara veladora.

--Ya es hora, dijo Damián, dame tu mano y déjate de pavadas que no te voy a sacar un pedazo.

Rogelio obedeció en silencio. En un primer momento se sintió extraño al contacto de la mano fría como el hielo. "estoy tocando a Satanás" pensó. Pero pronto una súbita sensación de calor abrasador lo invadió, casi le quemaba y tan pronto como llegó, cesó.

Se encontraba en una habitación que parecía ser una sala de estar, una pequeña ventan daba a una recámara . Rogelio pensó que esa ventana estaba totalmente fuera de lugar.

--Si, dijo el otro, la he puesto yo para que podamos ver todo, es importante que te hagas una idea general del cuadro que quiero mostrarte. Pero anda, mira por la ventana, no te preocupes, no pueden vernos.

El Padre miró dentro de la habitación y vio a la chica que estaba sentada en la primera fila de bancos de la iglesia en la misa de la tarde anterior, aquélla que tanto lo excitaba y atormentaba.
Estaba boca abajo en la cama, completamente desnuda con la cadera levemente elevada y las piernas bastante separadas.

Detrás de ella, un hombre bastante mayor que ella que tan solo contaría con dieciséis o diecisiete años, sumamente alto, fornido y muy velludo la penetraba con violencia, pero en silencio. Levemente inclinado hacia delante, una de sus manos la tomaba de una nalga introduciendo su dedo pulgar en el ano de la chica mientras que con la otra jalaba de su cabello tirando hacia el costado opuesto a la puerta y contra el colchón por lo que la chica miraba directamente hacia la puerta que estaba entre abierta.

--Evidentemente la está violando, comentó Satanás con el tono que se emplea cuando se explica algo obvio, o... al menos eso cree su padrastro. Pero mira su rostro ¿ves en él, dolor y sufrimiento?
--No, veo cierto placer morboso. Se nota en sus ojos.
--¿Y hacia donde miran esos ojitos morbosos?
--Hacia la puerta.
--Entonces deja de mirar por la ventana y dirige tus ojos a la puerta que tienes a tu derecha.

El cura miró hacia donde Lucifer le indicaba y vio a una mujer de unos cuarenta años en la que al instante reconoció a la madre de la muchacha. Llevaba puesto un salto de cama de algodón color blanco abierto, bajo este, un pequeño camisón de seda y encaje, a tono con el salto de cama que resaltaba sus bien formados pechos, estaba descalza.

La mujer espiaba la escena con morboso placer al tiempo que se masturbaba con una mano y se apretaba los senos con la otra. De tanto en tanto cambiaba de mano y se lamía los húmedos y sabrosos dedos bañados con su esencia.

Dentro de la habitación, la supuesta violación seguía su curso, la chica miraba hacia la puerta sabedora de que su madre estaba al otro lado jadeante, mojada, excitada, perversa.

Rogelio no daba crédito a sus ojos, se sentía totalmente aturdido, lleno de asco, pero no atinó a hacer nada, sabía que no podía.

--Suficiente, dijo el Señor de las Tinieblas, y lo tomó de la mano.

Nuevamente sintió el cura aquel calor abrasador y al momento se encontraban sentados en un banco de la plaza frente a la casa. Por el desnivel de la misma se hallaban sé en línea recta con el balcón de la casa en que instantes antes habían presenciado tan bizarro espectáculo, la luz todavía estaba encendida.

--No hables, Rogelio. Deja que te cuente el cuadro de situación.
Como te habrás dado cuenta, el padrastro de tu bebota estaba violando a su hijastra, disfrutando enormemente de su faena, es violación porque el cree realmente que la esta violando, es importante que entiendas eso. Lleva haciéndolo más de cuatro años.
Tu bebota cristiana, disfruta mucho el hecho de que su padrastro la someta ¡de hecho le parece la cosa mas excitante del mundo! Más que cualquier otra experiencia sexual que halla tenido, y eso ya es decir mucho. Ese plus de excitación se lo da no solo el hecho de sentirse una perra ultrajada, también la excita saber que su madre lo sabe y la observa sin hacer nada, excitándose con su supuesto sufrimiento.
La madre engaña a su marido. Finge que ignora la situación, por las noches seduce y excita a su esposo negándose luego a satisfacer sus bajos instintos, dice que le duele la cabeza y simula tomar pastillas para dormir. Cuando su esposo cree que está profundamente dormida sale furtivamente de la habitación y se mete en la de su hijastra, entonces ella se levanta y va a deleitarse con el espectáculo. Claro que no sabe que su hija es conciente de que los observa.
A la mañana todos desayunan juntos como si nada hubiese ocurrido.
Yo te pregunto Rogelio: ¿Quién es el más hipócrita de este simpático trío? ¿Cuál de ellos es el más perverso y merecedor de bajar primero a mi reino? ¿No son los tres, acaso, devotos cristianos que todos los domingos asisten a tu misa? ¿Dónde está el dios al que sirves que permite todo esto? ¿Tienen estos pecadores posibilidad de salvación?

Rogelio no respondió, estaba demasiado consternado para hablar. Introdujo su mano en el bolsillo izquierdo de su abrigo extrayendo un paquete de cigarrillos. Encendió un pitillo y maquinalmente ofreció otro a su acompañante sin siquiera mirarlo y sin reparar en quien era.
Damián lo miró divertido
--¿Porqué no? Exclamó, y tomó un cigarrillo que soplo en la punta y este se encendió al instante.

La luz en la ventana se apagó.

--Bien, el espectáculo terminó, sigamos nuestro camino, quedan todavía otras cosas que debes ver.

Abandonaron la plaza caminando lento y sin hablar. Tomaron por una calle oscura con adoquines, más al llegar a una esquina Rogelio preguntó:

--¿A dónde me llevas?
--¿Es que no te enseñaron a tener paciencia? Ya lo verás. Ahora no hables, deja que se grave en tu mente lo que acabas de ver.

Llevándose un dedo a la boca en señal de silencio le indicó al cura que por el momento la charla había terminado.

Siguieron avanzando y ya no hablaron más.

 

Capitulo 4

El sadismo en la tercera edad

Rogelio caminaba lentamente, sin hacer ruido y sin hablar. Su mente aturdida funcionaba a toda velocidad, las imágenes de cuanto había visto se sucedían una tras otra rápidamente en un frenético flash-back.

El camino elegido por su acompañante le llevó hacia una casa muy derruida en la calle Figurita.
En el frente había un jardín en muy mal estado que había perdido la batalla contra la mala hierba y su decadencia era total.
Era excesivamente largo, al final se erguía una casona antigua.

--- Es aquí, dijo Damián y con la punta de su cetrino dedo tocó la cerradura y esta hizo un chasquido metálico.
Acto seguido la puerta se abrió chirriando lastimosamente.

--- Vos primero Rogelio, no vallas a pensar que no tengo modales.

Ambos entraron en la estancia y a los pocos segundos los ojos del cura se acostumbraron a la oscuridad. Un fuerte olor, mezcla de mugre y orín de gato invadió la nariz de Rogelio, sintió náuseas.

--- ¡Qué asco! Dijo; y temeroso por desobedecer la orden de silencio impuesta por el otro, calló nuevamente.

Estaban parados en medio de la sala de estar de la casa. En la penumbra, pudo distinguir los muebles; todos ellos muy antiguos y sucios. Eran demasiados, casi se parecía más a un depósito que a una sala.
Había muchos gatos de aspecto feroz y salvaje que no parecían notar su presencia.

Una escalera de madera conducía al primer piso, al otro lado de la habitación varias puertas conducían hacia otras dependencias de la casa. Una de ellas estaba entre abierta dejando escapar una tenue luz y un ruido como de estática al instante comprendió Rogelio que se trataba de un televisor. Un grito ahogado, gutural y agonizante salió de la habitación.

--- Entremos Rogelio. Estoy seguro que te gustará lo que verás.

Caminaron unos pocos pasos, con cuidado de no pisar el excremento de gato que cubría gran parte del piso y al entrar en la habitación se encontraron con un anciano de unos ochenta años atado a una silla de ruedas. Estaba completamente desnudo y muy sucio. Las ligaduras que lo apresaban en la silla estaban tan apretadas que sus miembros tenían un leve color morado. Insertada en su pene una sonda llevaba su orina hasta un balde al costado de la silla. Su miembro, otrora viril, mostraba signos inequívocos de infección, estaba lleno de pus.

El pobre viejo estaba hemipléjico, Rogelio lo sabía desde hacía tiempo, su esposa se lo había dicho, de hecho iba todos los domingos a misa y oraba por él.

La silla estaba dispuesta de tal forma que estaba enfrentada con los pies de la cama, separada de esta por unos cincuenta centímetros. Allí sentada se encontraba la esposa del infelíz, vestida con un camisón rosado muy gastado y sucio. Estaba descalza, sus pies llenos de callos eran bastante deformes y la mugre entre los dedos era visible desde lejos.
Tenía muchas arrugas, más de las que el cura pensaba que un rostro podía llegar a tener, los ojos pintarrajeados de verde y con unas pestañas postizas enormes, en conjunto un cuadro bizarro y espeluznante.

Le embutía a su marido enormes cucharadas de helado con mucha violencia mientras que el anciano trataba desesperadamente de esquivarla meneando la cabeza.
Trataba de gritar medio ahogado entre el llanto, los mocos y el helado y cuanto más se resistía, más parecía disfrutarlo la endemoniada vieja.

--- Come le decía, con voz melosa y burlona.--- Es por tu bien, sino tendré que hacerte daño.

Dicho esto le dio una gran bocanada al cigarrillo que sostenía en su mano derecha y luego se lo apagó en la ingle, con mucha saña disfrutándolo enormemente.

El anciano aulló de dolor y ella le escupió la cara riendo estridentemente mientras le zampaba una nueva cucharada de helado.

Mirando la enorme fuente de helado encima de la cama le dijo:
--- Aun no te lo acabas Pepe ¡si queda más de la mitad! Y volvió a reír.

La ira, el asco y la compasión invadieron el pecho de Rogelio. Inconscientemente dio un paso hacia delante para arrojarse encima de la sádica anciana, pero su acompañante le puso con firmeza una mano en el pecho y sus ojos rojos miraron al sacerdote de manera tal que este se sintió abrumado y paralizado, desistiendo al instante de su actitud.

--- Suficiente, nos vamos. Dejemos a esta gente cenar en paz.

Salieron a la calle, el frío se había intensificado, calándole los huesos al cura, pero casi ni lo sentía, así de abrumado estaba por la escena vista en el interior de aquella casa infame.

--- ¿Y bien?
--- ¿Qué querés que te diga? No entiendo porque haces esto.
--- Yo no hago nada Rogelio, pero te contaré una historia.
Hace muchos años esos viejos eran jóvenes y apuestos. Como tantas parejas se enamoraron y luego de contraer matrimonio vinieron a vivir a esta casa.
Con el tiempo José comenzó a llegar borracho y frecuentemente golpeaba a su esposa y en algunas ocasiones la violaba.
La convivencia se hizo bastante difícil entre borracheras, golpes y vejámenes, pero tu buena feligresa, Doña Cristina, era y "es" muy creyente y nunca se divorció porque "el Señor no lo permite" pero el odio fue anidando en su corazón, pudriendo de a poco su alma.

Nunca tuvieron hijos, algo que José le recriminaba cada vez que regresaba ebrio y la violaba y golpeaba salvajemente. Ese fue el curso normal de su relación durante largos años, hasta que se hicieron viejos.

Como te podrás imaginar, los años de excesos alcohólicos, mala alimentación y tabaco le terminaron pasando factura al viejo Pepe. El médico le advirtió que de no cambiar de hábitos estaría propenso a sufrir algún tipo de ataque.
Él, que siempre fue terco, no hizo caso de las advertencias y terminó tal cual lo has visto, postrado por la hemiplejía, en esa silla asquerosa.

Desde ese momento, su esposa comenzó su venganza, eso claro está, no hace falta que te lo explique, pues lo viste con tus propios ojos. Convídame otro cigarrillo querido, me han gustado mucho ¿sabes?... Gracias. En resumen esa es la historia.

--- ¿Te divierte todo esto verdad? Le espetó Rogelio visiblemente afectado y con los ojos llorosos.
--- Ni me divierte, ni me importa, pero si me lo preguntas me parece justo. Él vivió haciendo infeliz a su mujer durante años, ahora ella le devuelve el golpe. Es lo justo. La pregunta es: ¿Dónde está tu Dios que permite estas cosas tan terribles? Según vos él es misericordioso... ¡y los ama tanto! Esto Rogelio querido, no es amor, piénsalo. ¡Pero hay que reconocer que tiene sentido del humor el muy hijo de puta!
Pongámonos en marcha.

Volvieron sobre sus pasos hasta la avenida Garibaldi desierta y ventosa, y por ella uno al lado del otro hacia su próximo destino, el cual no estaba demasiado lejos.

 

Capitulo 5

Una blasfemia particular

--- Todo esto es tan extraño, comentó Rogelio mientras encendía otro cigarrillo. Acomodó su pitillo en la comisura derecha de su boca y guardó sus manos en los bolsillos de su abrigo, hacía demasiado frío para sostener entre los dedos el cigarro.
---¿De veras? A mi me parece de lo más normal.
---¡Pues no lo es! Toda esta mierda que me estás mostrando no puede ser real.
--- Dos cosas Rogelio: la primera no digas palabrotas, a tu Señor no le gusta - y bajando la voz agregó - en realidad si, pero no quiere admitirlo, y rompió en una sonora carcajada a la que el cura respondió con un silencio sepulcral.
--- Sí, prosiguió Lucifer, tu Dios es un hijo de la gran puta, es sádico (incluso más que yo), déspota y otras cosas más, pero ya hablaremos más tarde de eso; por ahora, es otro el tema que me interesa ¿recuerdas que te dije dos cosas? Bien, tu me dices que no es normal lo que viste, que no puede ser. Amigo mío es tan normal como que sucede a cada rato y en todas partes.
El hecho de que sean miembros de tu iglesia no los exime de nada. La gente es falsa, corrupta, cruel... sobre todo cruel y estas pequeñas escenas que has presenciado te lo demuestran, pero la crueldad y el deseo de hacer daño son cosas un poco complicadas de entender, a veces es difícil decidir quien es cruel con quien. Piénsalo y verás que tengo razón.
A Rogelio se le vino a la mente la dantesca escena de la joven supuestamente violada por su padrastro, la madre espiando mientras se masturbaba y que la joven lo gozaba morbosamente.
Tubo que reconocer que le costaba trabajo reconocer que le era difícil decidir quien de los tres era más cruel.
---¿Difícil, verdad? - prosiguió el amo de las sombras - pues yo tengo la respuesta: el más cruel es Dios. ¡Bah! No me mires así, es la verdad. Ustedes suelen achacarme a mi la culpa de todo, pero con frecuencia no tengo nada que ver. ¡El diablo te engaña! que mentira más grande, vosotros os mentís, agredís y matáis todo el tiempo y sin mi ayuda, y cuando la hora llega, entonces si sois míos, pero hay quienes sufren sin mi ayuda, otros si y no lo niego.
Créeme, Rogelio querido, Dios es un hijo de puta y puedo probártelo, pero no hablemos más de eso ahora, ya habrá tiempo más tarde de explicártelo. Ahora querido, quiero que veas algo... diferente por así decirlo.
Sus pasos los habían llevado a un edificio de unos diez pisos, cubiertas sus fachadas de rojos ladrillos, era más ancho que alto; a Rogelio se le antojó grotesco y no le agradó.
--- Nuestro destino, exclamó Damián, es allí arriba en el último piso. Dame tu mano.
Una succión imponente arremetió contra el cura, todo se puso negro y su estómago pareció comprimirse . Tan pronto como llegó, la sensación se fue.
Ambos se encontraban sentados en un raído sillón uno al lado del otro.
Al principio el cura no veía nada, la mágica aparición lo había dejado atontado.
Palpando el sillón con ambas manos, como queriéndose asegurar de que estaba sentado sobre algo firme, miró a su acompañante quien le devolvió divertido la mirada y al tiempo que cruzaba las piernas le dijo:
--- No me veas a mi Rogelio, ¡mira a tu tesorero!
En un primer instante no entendía bien la escena, o más bien sus ojos se negaban a creer lo que veían.
En aquella habitación de medianas dimensiones y paredes escandalosamente pintadas en color rosa, sin ventanas y con un excesivo olor a colonia barata, un hombre desnudo yacía de rodillas en el suelo y su pecho sobre el colchón. Sus muñecas sujetas con grilletes y cadenas lo amarraban a la cabecera de la cama, hecha de hierro forjado y de la cual colgaba una imagen del corazón de Jesús.
Detrás de él, una muchacha rubia de prominentes pechos y puntiagudas uñas color rojo estaba también de rodillas. Llevaba puesto un arnés que en lugar de un dildo tenía un enorme crucifijo de bronce con el cual lo penetraba haciéndole un evidente daño, pues Rogelio pudo ver como tanto en el crucifijo, como alrededor del ano del sujeto había sangre y materia fecal.
Otra chica de largos y lacios cabellos negros y piel cetrina, que llevaba puesto un corset rojo por única vestimenta, le daba de latigazos tan fuerte como podía. Ambas mujeres llevaban en sus cabezas tocados de monja.
Tanto la espalda como el cuello del hombre estaban cubiertos de sangre y sudor a causa de los latigazos. Entre sus gritos y alaridos, Rogelio pudo escuchar que rezaba el Padre Nuestro.
---¡Que lindo espectáculo! - dijo Damián - ¿Acaso no es una gran muestra de devoción mi querido Rogelio? No vas a negar que el bueno del señor Ross es todo un devoto de tu Señor.
El sacerdote no daba crédito a sus sentidos una vez más. No articuló palabra alguna, el asco y la repulsión se lo impedían. Absorto contemplaba como aquellas rameras castigaban a su notario.
El señor Ross era, desde hacía diez años, administrador de la iglesia de San Miguel y del colegio del mismo nombre al que había concurrido en su niñez y al que sus tres hijas concurrían también.
--- Ya es suficiente de esto, nos vamos.
Con un chasquido de sus dedos hizo que todo quedara oscuro y al instante siguiente ambos se encontraban de pie en la acera de la avenida Garibaldi frente a la puerta del edificio.
Damián estiró su mano y le alargó al cura un paquete de cigarrillos.
--- Toma Rogelio, te fumaste el último antes de que visitásemos esas golfas.
El aturdido Padre tomó el paquete de cigarrillos y encendió uno sin decir palabra alguna y devolvió el paquete a su interlocutor.
--- Quédatelos, te hacen falta.
--- Gracias, dijo el cura y volvió a sumergirse en el más absoluto silencio.
--- ¡Pero hombre de Dios! ¿Es que no vas a decir nada, no te ha gustado comprobar cuan fiel es el bueno de Ross?
--- ¿Qué quieres que te diga? Se va a pudrir por blasfemo, hereje y degenerado.
--- Es igual que tu, a ti también te gusta introducirte cosas.
--- No es cier...
--- ¡No me mientas! Le gritó, yo lo sé todo. Cual es la diferencia, que tu eres bueno y él no? Que tienes sentimientos de bondad hacia tus prójimos? No puedes decir que él no los tenga.
Es verdad, quizás se pudra en el infierno, pero estás seguro de que es un hereje? Tal vez solo es solo un pobre hombre con una severa enfermedad mental, un demente que por algún motivo necesita mortificarse creyendo que de esa manera se acerca más a tu Dios a través del sufrimiento y el dolor.
Yo creo que el hereje es Dios y no me mires así. Él sabe lo que hace este hombre y lo permite, quizás le gusta ver como lo sodomizan. ¿No es que tu Dios todo lo puede? Si es así, con mover un dedo podría hacer que este hombre dejara de hacerce coger por una puta con un crucifijo y no lo hace.
--- ¡Nos dio el libre albedrío!
--- ¡Bah! No me vengas con eso, y si este tipo está enfermo de la cabeza y no esta en su sano juicio, entonces no tiene posibilidad de elegir, solo sufre y Dios lo deja, lo ve desde el cielo como el buen padre que es. ¡Es más, si esta enfermo también es su culpa! ¿No es acaso el creador de todas las cosas?
Si quieres me puedes culpar de su comportamiento y aún así sigue siendo culpa de él. ¿No te das cuenta? Él es verdadero sádico que juega con ustedes, no son más que meras marionetas.
Por sus actos, cuando muera será mío. ¿Es realmente eso justo si es un demente, y si lo hace por placer, es justo castigar a alguien por el simple hecho de buscar un poco de placer sin hacer daño a nadie? ¿Qué es la justicia Rogelio?
Mientras piensas en ello te diré que el señor Ross concurre a este retiro espiritual cada mes desde hace ocho años, permanece allí una hora y paga por ello cien dólares.
Se que estás pensando en si lo hace por placer o si está demente. Eso es algo que no te diré, tendrás que averiguarlo tu mismo.
--- ¿Y ellas?
--- Quizás sean dementes también. Anda caminemos ¡hay tanto que ver todavía!

 

ESTA HISTORIA CONTINUARÀ...

EROTICAH 1

viernes, 15 de febrero del 2008 a las 14:09
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EL AMANTE SILENCIOSO



Ni se por qué esa tarde me llevaron mis pasos al cementerio. Quizás fue el deseo de visitar la tumba de mi abuelo, quizás las ganas de dar un tranquilo paseo, quizás... quizás.

La tarde era calurosa, de pesada humedad. El cielo cargado de nubes plomizas parecía aguardar simplemente el momento propicio para descargar su aguacero. No soplaba ni siquiera la brisa más insignificante y el intenso calor me hacía transpirar.

Mi vestimenta no era mucha; tan solo el clásico uniforme liceal: falda escocesa corta y una simple camisa blanca. No llevaba sostén. Sudaba mucho y pronto mi camisa se empapó, me observé... Me gusté.

Ya dentro del cementerio comenzó a llover. Siempre me excitó mojarme en la lluvia, sentir como el agua recorre mi cuerpo, humedeciendo mi ropa... propiciando otras humedades. Sentí como mis pechos se endurecían. Caminé, caminé mucho y llegué por fin a un túnel de esos en que los nichos de estiban en hileras de seis. No tenía flores, me di cuenta de ese detalle recién al llegar a la tumba de mi abuelo, entonces decidí quitar las de otros nichos y llamaron mi atención unas muy hermosas que habían en los nichos más altos. Trepé y las tomé, pero luego no pude bajar pues tenía miedo de caer y entonces lo vi; hermoso y silencioso, me miraba con sus ojos negros de adamantino rigor. Su torso desnudo, musculoso y bien formado, brillaba como untado con aceite. Estiró su mano invitándome a descender.
Me sujetó por las piernas para que yo bajara. Cuando logré colocar mis pies en el piso, mi falda quedó levantada y mis pantaletas enredadas en su cinturón.
Sentí su virilidad rosarme y noté como mi ropa interior se humedecía.

La lluvia caía cansinamente, de forma pareja y constante, invitando a la gente a retirarse del cementerio así que estábamos solos. Es curioso cuan llena de vida me sentía en aquel momento entre tanta muerte.

Me tomó por mis nalgas y comenzó a besarme salvajemente. Sentí miedo... eso, sin saber porqué aumentó mi excitación.
Clavó en mi cuello sus colmillos y subió por él hasta mi boca mordiendo mi lengua, me hizo sangrar.
Quitó mi camisa y mis pechos desnudos, rozados y duros, quedaron al descubierto bañándose de la sangre tibia y dulce que de mi boca caía.

Mi silencioso amante bebía de ellos como si segregaran sangre de sus pezones, atravesados por aros de plata, que con sus dientes jalaba causándome un doloroso placer.

Levantó mi falda y su mano fuerte arrancó mis pantaletas que se deshicieron en sus manos, ¡cuan dulce y salvaje es el recuerdo de ese momento!

El sexo oral fue exquisito, el brillante de su lengua se enredaba con el aro de mi clítoris... era tanto el ardor de la pasión que hasta el mismo Lucifer presenciando la escena sintió que el infierno se congelaba.
Luego me levantó a una tumba cercana y comenzó a penetrarme fuerte pero a la vez cariñosamente y sentí su amor y su calor fluyendo por mis piernas, por mis venas, inundando todo mi ser.

Su mano derecha tomaba firmemente mi cuello cortándome la respiración por momentos, mientras que con la otra acariciaba mis partes mientras me penetraba con rudeza. Su rostro hermoso y cetrino me miraba sin reflejar ninguna emoción, casi como una máscara. Se me ocurrió pensar que era la muerte y quise morir.

Mi lengua no sentía dolor, pero el sabor de la sangre y sus besos permanecía en ella, el clímax se acercaba una vez más y mi cuerpo se tensaba preparándose para recibir el demoledor espasmo del placer original.

La sangre en mi boca comenzaba a caer de nuevo por mis labios mientras los latidos del corazón se intensificaban. Clavé en su pecho mis afiladas uñas rasgando su piel, y empujándolo contra la pared con una fuerza de la que no me creía capaz me arrodillé y lamí su bello miembro, generoso y fuerte que lleno de vida, palpitaba dentro de mi boca, anunciando la inminente explosión de su esencia vital, lo que yo deseaba más que nada en el mundo en ese momento. El momento llegó, sentí llenarse mi boca con violenta rapidez, mientras sus piernas temblaban estremeciéndose de puro gozo.
Me tomó del mentón y me subió a su boca besándome tiernamente, sin decir una palabra.

Exhausta y satisfecha caí de rodillas en el húmedo suelo del túnel pecaminoso, cerré un instante mis ojos y aspiré profundamente.

---¿Cómo te llamas? -- pregunté al tiempo que levantaba la mirada para ver su hermoso rostro.
Pero el amante silencioso, había desaparecido...

Burocracia

viernes, 05 de enero del 2007 a las 14:53
guardado en
L ocación: Porongos 2465 Fecha: 17 de junio de 2005 8:30 horas. Tiempo: Nublado con probabilidades de lluvia. ---Ruffo, llamá al centro comunal y pregunta que hay que hacer para que vengan a cortar las raíces del árbol que están rompiendo el mármol de la entrada y ya de paso averiguá por el tramite para que lo poden antes que las ramas entren por la ventana. ---Dame un segundo que busco el número en la guía y llamo. Cinco minutos después... ---Centro comunal buenos días, habla Silvia. ¿en que le puedo ayudar? ---Buen día, quiero hacerle una consulta. ---Dígame. ---Si fuera tan amable: ¿podría informarme del trámite para que vengan a cortarme las raíces del árbol que tengo en la puerta de mi casa? Porque las raíces están entrando para dentro y me están rompiendo el mármol de la entrada, también quisiera que me informara sobre la solicitud de poda porque las ramas golpean en mi ventana y me van a romper un vidrio. ---Lo lamento señor, pero esa información no se la puedo dar por teléfono, tiene que venir personalmente. ---Pero entonces para que mierd... ¡Me cortó la muy hija de puta! Locación: Centro comunal zonal. General Flores 2455 Fecha: 17 de junio de 2005 9:25 horas Tiempo: llueve abundantemente, vientos del sur a 50 km/h Un empleado municipal sentado en un escritorio moja un bizcocho en una taza de humeante café, con la boca sémi llena dice: ---24, 25, 26... 31, 32 ---¡Yo! ---¿En que te puedo ayudar? ---Vengo para informarme sobre el trámite que hay que realizar para que vallan a mi casa a cortarme las raíces del árbol que me están levantando el mármol de la entrada y también quiero que me poden algunas ramas que golpean en la ventana y me van a romper un vidrio ---No sé señor, eso no es acá, tiene que ir a la intendencia y hacer el reclamo. ---Pero si yo llamé por teléfono hoy de mañana, hace menos de una hora y me dijeron que viniera. ---Bien. ¿Y? ---¿Cómo? ¿me esta tomando el pelo? ---No señor ¿quiere que yo le haga? ---Que me de una solución ---Bueno, ahí en la puerta está la parada se toma el 187 o el 188 que lo dejan en la puerta de la intendencia más no puedo hacer. ---¿Me está tomando el pelo? ---No moleste señor. ¡33! ¡34! Buenos días señora ¿en que puedo ayudarle?... ¿Si?... Hay que lastima porque acá no hacemos ese trámite, va a tener que ir a la intendencia.... Locación: Palacio Municipal 18 de julio y Ejido. Mostrador de informes Fecha: 17 de junio de 2005 10:57 horas Tiempo: llueve como la gran puta, vientos del sur a 75 km/h, el frío cala los huesos ---Buen día. ¿Me podría decir en donde hago el trámite para que vallan a cortarme las raíces del árbol y me poden unas ramas? ---No tengo idea, pregunte en la oficina de orden público en el tercer piso ---Gracias por su ayuda. Diez minutos después en el tercer piso... ---Buen día, quisiera saber en dond... ---Espere un minuto. Tota, decíme ¿entonces ella descubrió que la amante del marido era la hermana?... No lo que pasa es que yo estaba mirando pero justo me quedé dormida... ¿Si, y que hizo?... ¡ No te puedo creer! ---Señora es un momentito nada mas me pued... ---¡Espere! Mira Tota después te llamo que tengo un impertinente acá... si lo mismo de siempre... yo no se hasta cuando... te mando un beso. Chau mi vida saludos. La anciana señora de rostro rechoncho colgó el teléfono con un ademán de impaciencia, miro al pobre y mojado Rufo con ojos que expresaban a las claras el fastidio que le producía el que no la dejasen charlar con su amiga sobre la novela brasilera del 12. --- Ahora si ¿qué quiere? ----Quiero saber en donde hago el trámite para que me poden el árbol y le corten las raíces ---¿Y porque no preguntó en informes en vez de venir acá a molestar a las personas que estamos trabajando tan duramente y no tenemos tiempo de atenderlo? ---Por qué me mandaron acá --- le contestó Ruffo con ganas de echarle una buena puteada pero se contuvo por miedo a que en castigo no le cortaran las raíces del árbol. ---Mire señor acá no es, tiene que bajar al primer piso, cuando salga del ascensor dobla a la derecha y al final del pasillo va ver una ventanilla. Es orden publico. Ahí le plantea su problema y listo. ¡Que Dios le ayude! ---¿Y si voy por la escalera?--- pregunto Ruffo al tiempo que se escurría la campera en la maceta de una planta que había a su lado ---¿Por qué va a bajar por la escalera señor? ---Si demora mucho el ascensor ---La verdad que no se, yo nunca uso la escalera. Cinco minutos después en la oficina de orden publico... ---¡Señora! ¡Pssst! ¡Señora! ---¿Si? ---¿Acá es donde se hace el trámite para que me corten unas raíces de árbol que me están rompiendo el mármol de la entrada de mi casa, y también el trámite para que me poden unas ramas que me están golpeando la ventana y en cualquier momento me rompen un vidrio? ---Si señor, es acá ---Al fin que bueno, le cuento resulta que... ---¿El numerito? ---¿Eh? ---El numerito señor, para que lo podamos atender ---Pero si no hay nadie ---Mire señor ahí dice muy bien que no se atiende sin número así que haga el favor de ir a aquella ventanilla de enfrente y le pide al señor que atiende ahí que le de un número violeta, ¿me escuchó? Violeta, no me aparezca con uno rojo porque no lo atiendo Treinta y cinco minutos después y luego de hacer una cola infernal.... ---¡Ya está! Acá tiene el número ---lamentablemente señor, no lo podemos atender, a esta hora cortamos para comer además de que va a tener que esperar al cambio de turno porque después del almuerzo tenemos una asamblea para ver las medidas de lucha porque no nos quieren subir el sueldo a $u 25.000. Va a tener que esperar hasta las 14:30 hs. Y unos minutos después de las 14:30 hs. ---Bien señor y con eso está completo el trámite ---¿No falta nada más? ---No ---Perfecto ¿cuándo van? ---Mire: como es urgente a podarle las ramas a mediados de septiembre. Y las raíces calculo que por allá por marzo se las irán a cortar. Buenas tardes. Locación: Porongos 2465 Fecha: 21 de junio de 2005 Tiempo: Tormenta eléctrica , con vientos huracanados, abundantes lluvias y granizo. ---¡Ruffo! Fijate si todavía funciona el teléfono y llamá a los bomberos que se cayó el árbol encima de la cocina, arrancó todos los cables y hay un incendio de la gran puta en la cocina ---Enseguida llamo... Hola, ¿bomberos? ---Si, ¿en que puedo ayudarle? ---El viento me tiró el árbol encima de la casa, me aplastó la cocina, arrancó los cables de la luz y se incendió todo. ¿Cuanto demoran en venir? ---Vamos a demorar un rato, todas las unidades están ocupadas en este momento, no se preocupe que el incendio se lo apagamos, pero por lo del árbol va a tener que llamar al centro comunal.

La odisea de ir a trabajar

viernes, 05 de enero del 2007 a las 14:51
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H ace cosa de un año, meses más, meses menos, tenía un auto; un Fiat Palio rojo precioso que se llevó todos mis ahorros de más de seis años. Si bien no tenía una vida social muy agitada (gracias a eso pude juntar la plata) le daba un buen uso puesto que vivo en Manga y trabajo en el Buceo. Los primeros días todo era una novedad, mi mente volaba imaginando mil aventuras en las que era yo el protagonista de innumerables orgías en el “besodromo” del puertito del Buceo, en el asiento trasero de mi auto al abrigo de los vidrios polarizados y la complicidad de la noche. Por lo que los pequeños percances de la vida cotidiana me importaban muy poco. Pero un día, de golpe y sin anestesia ¡subieron la nafta! Mi reacción natural, como la todos al ver la noticia en el informativo fue exclamar: ¡que hijos de puta! Pero por más que me indignara los precios de los combustibles no iban a variar. Desde entonces comencé a plantearme si era lo mejor para mi el tener un auto. La patente acá en Montevideo es carísima, el seguro un asalto a mano armada y la nafta: esa definitivamente es casi inaccesible ( igual que la carne, el asado, los chorizos, el pescado, el pollo, la cuota de la mutualista, las órdenes, los tickets, el taxi y mi vecina de enfrente). A esto tenés que sumarle el costo del alineado y balanceo mensual al que hay que someter al vehículo a causa de la gran cantidad cráteres capaces de tragarse a algún conductor distraído que abundan a lo largo y ancho de la cuidad. También están los lomos de burro (todavía quedan algunos enteros que resisten estoicamente) siempre despintados que si te agarran desprevenido podés terminar muy mal y por supuesto los semáforos, las viejas kamikazes, los malabaristas, limpiavidrios y obviamente los cuida coches con su característico chaleco naranja, que no te cuidan nada pero siempre te ayudan a estacionar en un lugar del que después no podés salir. Fijate que entre que salís de tu casa y llegas al trabajo en el trayecto esquivas de diez a veinte pozos, le haces un finito a una vieja que viene de la feria y cruza sin mirar para los costados, escuchas una sinfonía de insultos de un tipo no entiende que no tenés más monedas ( se te terminaron cinco o seis limpia vidrios atrás) y que además tu parabrisas está limpio, pero ya es demasiado tarde y ¡zas! Ahí lo tenés al tipo prendido como una garrapata de tu espolón con su escoba enjabonada deslizándose por tu parabrisas y vos te quedas pensando si lo limpia o lo ensucia. Para cuando llegas al trabajo ya no tenés ganas de discutir con el cuida coches sobre la conveniencia de estacionar en tal o cual lugar. Entonces después de meditarlo mucho llegué a la conclusión de que era más barato y más saludable viajar en ómnibus, vendí el auto y comencé a viajar en bus. Lo malo era que me tenía que levantar muy temprano para tomarme primero el 169 y luego el 163, por supuesto que siempre viajaba parado, al lado mío viajaba alguien que invariablemente me pisaba o me empujaba. Si lograba tomar asiento ( previa lucha con algún otro pasajero en la que no escaseaban los codazos y los empujones) el viaje transcurría entre que trataba de que no me metieran una mochila en el ojo y evitar que me llenaran de caramelos, chicles, pastillas, tubos de hilo, estampitas de San Cono, inciensos, pilas, maní con chocolate y otro sin fin de cosas que no necesito, por suerte como a esa hora todavía es demasiado temprano no subía nadie a cantar, eso era a la vuelta. Me bajaba y caminaba diez cuadras hasta mi trabajo (y eso que me bajaba en el destino), de mal humor y lleno de chicles y caramelos que no me gustaban. Entonces decidí que era más barato y más saludable ir a trabajar en bicicleta. Hace una semana me compré una bici montaña azul casi nueva, una joyita. El primer día se me salió la cadena todo el camino por lo que llegué todo engrasado, el segundo día pinché y llegué tarde así que me suspendieron, según ellos para que aprenda a ser más responsable, y el miércoles me quedé en casa aprovechando para emparchar la rueda. El jueves me quede sin frenos me caí y me rompí dos dientes pero igual llegué en hora. Hoy cuando salí de trabajar descubrí que me habían robado la bicicleta del poste del semáforo en el que la había dejado atada así que ahora me voy a casa caminando, que es más barato y más saludable porque dicen los médicos que caminar hace bien para el corazón.

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Montevideo al Desnudo (Crónicas)

Como muchos de vosotros, sufro del "síndrome del uruguayo normal", un mal que se caracteriza por la falta total de dinero Y que impide al afectado realizar sus proyectos e iniciativas. Por esta razón no he podido publicar mis cuentos y di nacicmiento a esta web. Espero les guste!!

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