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Hogar dulce hogar

por ruffo
viernes, 05 de enero del 2007 a las 14:45
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C uando los padres de Dolores llegaron a lo que siempre creyeron, o por lo menos siempre se forzaron a creer, era su hogar, su “hogar dulce hogar”, se encontraron con un cuadro dantesco. Ni bien hubieron cruzado el umbral de la casa vieron en el pulcro piso un charco de sangre, el cual desaparecía tras la puerta de su hija mayor, alarmados y temiendo lo peor corrieron hacia la habitación tratando en vano de abrir la puerta que se hallaba cerrada por dentro. Inmediatamente comenzaron a gritar el nombre de su hija tan alto como sus gargantas se lo permitían, hasta el punto en que lastimábanse sus oídos con los desgarradores gritos. El padre, que como es de suponerse, era le más fuerte de los dos precipitóse contra la puerta varias veces hasta que por fin logró tumbarla. No podían sus ojos creer lo que en ese momento vieron. Sobre el sillón, que estaba orientado de frente a la puerta, yacía Dolores, ya sin vida, con las muñecas cortadas y los ojos abiertos, en las mejillas estaban aún lágrimas que todavía no se habían secado, tenía en el rostro una expresión mezcla de tristeza y alivio y sus pies desnudos estaban teñidos del rojo color del que es dueño únicamente la sangre. De esa triste manera había terminado la vida de una joven muchacha de tan solo veintiún años. Ante la grotesca escena reaccionaron sus progenitores de maneras distintas, el padre quedó inmóvil, petrificado sin poder hacer el más mínimo movimiento, sintiendo en el pecho un dolor tan agudo como el que produce un puñal cuando es enterrado por la mano cruel, recorrió con la mirada el inerte cuerpo queriendo encontrar alguna explicación para la tragedia. En cambio la madre se lanzó sobre el cuerpo todavía tibio sacudiéndolo con la esperanza de que volviese a la vida. Llorando y gritando, presa de un ataque de histeria, lamentábase una y otra vez diciéndose a si misma que era su culpa, y pidiéndole perdón a Dolores, pero ya era demasiado tarde. Luego dándose vuelta miro a su marido con la mirada que tiene quien experimenta esa mezcla de dolor y odio, se abalanzó contra él descargándole numerosos golpes en el pecho diciéndole que el más que nadie era culpable de todo lo sucedido y que jamás se lo perdonaría, lo que al principio eran insultos, pronto se convirtieron en inteligibles palabras ahogadas por el llanto y luego de unos momentos cayó desmayada. Los hechos que después se sucedieron no son difíciles de imaginar. Luego del entierro la vida en ese hogar trató en vano de ser lo más normal que fuera posible, pero el destino quiso que en aquella casita de Villa Muñoz, ya nunca hubiera paz. Los días se convirtieron en semanas, que pronto fueron meses sin que el matrimonio pudiera tan solo una noche conciliar el sueño. Al terminar la jornada, cuando se disponían a descansar, acostábanse ambos sin decir la más mínima palabra, en silencio meditaban y se hacían las mismas preguntas, preguntas de las que sabían las respuestas pero no tenían el valor de admitirlo. *************** *************** ****************** Dolores creció y vivió siempre en aquella casa de techos altos, de habitaciones grandes y muebles antiguos, mientras duró su infancia no tubo mayores problemas, era pues la envidia de todos lo niños y niñas de la cuadra, ella siempre podía ir a donde quería, o jugar hasta cualquier hora en la vereda, y si traía malas notas en el boletín escolar tan solo le reprendían un poco pero nada más. Cuando llegó a la adolescencia, la cosa no cambió demasiado, seguía siempre haciendo lo que quería y con frecuencia faltaba a clases. Una vez, cuando estaba en 4° grado, tubo unos problemas con una compañera que venía de un lugar muy distinto al que a ella le había tocado en suerte, era una chica de la calle, de esas que les tenían bronca y odio a las chicas lindas, de buen vestir y sin necesidades insatisfechas, por más que le comentó a sus padres la situación estos no le dieron importancia, y cuando una tarde de viernes salía de la clase de gimnasia en el liceo 29, le dieron una paliza que le dejaron como resultado la nariz y varias costillas rotas, lo único que el padre le dijo fue que era su culpa por no saber defenderse. No sabía Dolores, si era peor el dolor de sus heridas o el de su corazón y supo en ese momento que estaba sola en el mundo y que si de alguien podía esperar ayuda era solo de ella misma. Luego el tiempo, que sana todas las heridas, borró por completo las huellas de aquella golpiza. Poco a poco fue Dolores convirtiéndose en una hermosa mujer. El día en que cumplió veinte decidió salir a festejar con sus amigas a algún boliche, ella hubiera preferido hacer una pequeña reunión en su casa, pero la situación económica no lo permitía, además le daba bastante vergüenza el hecho de que en su casa se sentía como un extraño, casi como si fuera un mueble más, y no quería que sus amigas vieran como sus padres casi no le dirigían la palabra diciendo siempre que no tenían tiempo para sentarse a charlar de cosas sin importancia, que a su edad ella tenía que charlar con sus amigas y no con ellos que eran más grandes y tenían otras preocupaciones. Así que al llegar la noche, se vistió con sus mejores ropas, y se maquilló exquisitamente, estaba realmente hermosa, al salir de su cuarto se paró enfrente de la televisión que estaba en la sala y dando una vuelta sobre si misma les dijo a sus padres ---¿Cómo estoy? A lo que estos respondieron secamente. ---Estás bien, y haceme el favor de salir de enfrente de la pantalla que no sos transparente. Sintió ganas de llorar, pero se contuvo a duras penas, no entendía porque le trataban de esa manera, ni siquiera en el día de su cumpleaños había para ella una palabra amable, un gesto de cariño. Cogió su abrigo y su cartera y salió de la casa, cuando estaba cerrando la puerta sintió que su madre le gritaba ---¡No te olvides de la llave que yo no soy tu sirvienta para levantarme a abrirte la puerta a la hora que se te antoje volver! Cerró tras de sí la puerta y esperó pacientemente a que vinieran por ella, hacía mucho frío, pues eran los últimos días de mayo pero era mejor estar allí afuera que adentro donde no había lugar para ella. Luego de un rato aparecieron en la esquina recortadas las siluetas de sus amigas, estas se asombraron de que les estuviera esperando en la puerta con el frío que hacía pero no le dieron mayor importancia al hecho. Después de un rato se encontraban bailando al son de los hits del momento y esa noche conoció Dolores a quien creyó sería el hombre de su vida. Él era atento, considerado, educado y muy apuesto, durante los primeros meses Dolores pareció olvidarse por completo de su situación familiar, pero es sabido que no se puede tapar el sol con un dedo, con el paso del tiempo los problemas comenzaron otra vez a perturbarle, no obstante se sentía contenida por aquel príncipe azul que tanto la comprendía, pero muchas veces en su casa no había ni yerba para tomar unos mates, y sentía mucha vergüenza de que él fuera a visitarle, pensaba para si que en cualquier momento se aburriría de estar con una muchacha como ella que nada tenía para ofrecerle, en cambio él tenía un buen trabajo, en su casa nunca faltaba nada y mantenía con sus padres una estupenda relación. Por otra parte, a Gabriel, que así se llamaba el muchacho, no le simpatizaba su padre, lo consideraba un verdadero imbécil, y los relatos que de este le hacía dolores no contribuían a cambiar esa imagen, y si bien sentía cierta vergüenza de que este viniera a ver su heladera vacía, también le molestaba que no quisiera venir a visitarle. De esa manera la relación se fue gastando y con frecuencia discutían por cosas sin sentido. En la mente de Dolores fueron lentamente operando algunos cambios, que se exteriorizaron en variaciones en sus hábitos, como por ejemplo comenzó a vestir solo con ropa negra, su carácter se volvió muy apacible, ya todo le daba igual, por nada protestaba ni discutía, ya no ordenaba su habitación ni habría las ventanas. A parte del tiempo que pasaba con su novio permanecía sola en silencio su habitación. Desde hacía tiempo se le había instalado en la cabeza la idea de que Gabriel ya no la quería y temía que en cualquier momento le abandonara, con frecuencia sentía deseos de llorar sin motivo aparente, sentía hambre pero se negaba a comer y solo lo hacía cuando el hambre llegaba un punto tal en que a causa de la debilidad sufría mareos y le costaba mantenerse en pie. No era su actitud causa de la terquedad o de rebeldía, era fruto de la situación en la cual se encontraba casi a diario, era el resultado del constante hostigamiento, de escuchar una y otra vez que era una inútil, una vaga de mierda, que era la expresión favorita que tenía su padre para ella, que nunca colaboraba en nada con la casa, que comía se vestía y se bañaba de arriba, pero esto no era tan cierto. Dolores no tenía trabajo, pero iba a la feria todos los días menos los lunes, porque no había ninguna, debido a la situación del país no se vendía mucho, con lo poco que vendía trataba en principio de reponer la mercadería, después de todo era lo que su padre le decía, que esa era la única forma de que tuviera un puesto bien surtido y que después de un tiempo podría ver la ganancia, pero sucedía que luego volvían nuevamente los mismos reproches, “vos nunca ponés un peso para nada, pero bien que sabes comer lo que te servimos”. Ella no entendía esa actitud, le costaba trabajo entender que no se dieran cuenta que ella no colaboraba porque no podía porque si les daba plata no reponía reponer y se iba a fundir otra vez, pero era inútil discutir, entonces optaba por generar la menor cantidad de gastos posible, se compraba ella misma la comida cuando podía y solo por última necesidad comía en su casa, hacía ya bastante tiempo que se encontraba en esa situación, escuchaba con frecuencia que su padre le decía a su madre “sacale la ropa del lavarropas, si quiere que se compre jabón y se la lave ella en el patio”. Sin protestar en lo más mínimo comenzó a comprar jabón y a lavarse la ropa, siempre con el dinero que salía de la feria, reponiendo cada vez menos mercadería con lo cual poco a poco comenzó otra vez a fundirse, y ella sabía bien que si se fundía los reproches serían peores, pero no había nada que ella pudiese hacer para evitarlo. Fue de esa manera que comenzó a revolotear en su mente la idea del suicidio como solución a todos sus problemas. Intentó unas cuantas veces llamar la atención de sus padres con la esperanza de que estos mostraran alguna señal de interés por ella, incluso llegó a quedarse en la casa de su novio durante tres días sin avisar nada en su casa y cuando volvió esperaba que le regañaran, que le dijeran cuanto disparate quisieran, si lo hacían quería decir que se habían preocupado, pero lo único que le dijeron fue: --- Ayer te llamó Claudia, yo le dije que no sabía donde estabas y que cuando llegaras la llamabas, pero de acá ni pienses que vas a llamar, si querés a la vuelta tenés un teléfono público. Era evidente que no les importaba nada de ella y no había nada que hacer al respecto. Cada día que pasaba, cada discusión que se generaba, alimentaba más y más la idea de quitarse la vida como medida de salvación. Su estado mental se iba deteriorando lenta, pero fatalmente, si bien no era perceptible, ni tampoco se podía decir que estaba loca, su mente se estaba enfermando, el campo de las discusiones se había extendido a todos los grupos de los que ella formaba parte, llegó un punto en el cual pensaba que todos la despreciaban, por lo que no quería tener contacto ni con sus amigas, ni con sus padres, ni con sus tíos, ni siquiera con su hermano, que era el único que siempre estaba a su lado para contenerla incondicionalmente, todos le habían traicionado de un modo u otro, tan solo le quedaba Gabriel, que ya no era el mismo de antes pero por lo menos todavía le mostraba un poco de respeto y de cariño, aunque las discusiones eran cada vez más frecuentes, lo cual sabía bien que llevarían de un momento a otro al final de la relación Una noche, después de una discusión con su novio, volvió a su casa, encendió un cigarrillo y quedo sentada en el medio de la sala, sola como siempre, sola como nunca, pero no duraría mucho más tormento, cuando se apagase el cigarrillo, se apagaría también su miserable existencia. Cortóse las venas de ambas muñecas con un cuchillo que había en un plato con restos de comida que ella misma había dejado antes de salir y lentamente caminó hacia su habitación, entró cerrando tras de sí la puerta para no volver a abrirla jamás, se sentó en el sillón el cual había dispuesto adrede frente a la puerta para que en cuanto la abriesen pudieran ver el resultado de años del maltrato y simplemente esperó. El resto de la historia poco la vale la pena que sea contada, ahora que es demasiado tarde los padres de Dolores, se lamentan de no haber estado con su hija lo suficiente para que se sintiera querida, les remuerde por la noche la conciencia, por el deber no cumplido, y porque se saben culpables de lo ocurrido y en cierto modo se saben asesinos, ese tormento les acompañará hasta el día en que el último suspiro de vida salga de ellos para dar paso a la otra vida. Pero si algo faltaba para que tuviesen ellos plena conciencia de su cuota de culpa, Dolores dejó una carta en la cual explicaba el porque de su determinación. Sr. y Sra Romero: Por la presente deseo hacerles llegar a ustedes mis más sinceras disculpas por todas las molestias causadas desde le día de mi nacimiento a la fecha, y también por la mancha de sangre que en estos momentos debe estar seguramente manchando el piso del comedor y el de ésta habitación, lo cual es imperdonable. Deseo que tengan ustedes plena conciencia de que jamás fue mi intención el molestarles de ninguna manera, soy plenamente consiente de que mi presencia causaba gastos que ustedes juzgaban innecesarios, superfluos y molestos, siendo esto motivo de frecuentes peleas entre ustedes y yo. Por lo tanto y viendo que mis esfuerzos por no generar gastos ni incomodarlos con mi presencia son en vano y ante la imposibilidad de poder irme y llevar una vida digna lejos de aquí, he tomado la determinación de dejar este mundo con la esperanza de que si existe otra vida pueda encontrar en ella un lugar en el cual pueda llevar una existencia digna sin ocasionarle molestias a nadie, y si no la hubiese por lo menos me queda el consuelo de haber dejado atrás una existencia miserable, la cual se me impuso por el delito de haber nacido. Esperando que de ahora en más puedan ustedes vivir felices les saluda atentamente Dolores Romero. P.D. No es que me importe demasiado pero si me sacan de aquí rápido se ahorrarán las molestias ocasionadas por el “rigor mortis”. Es bastante desagradable y muy molesto. *************** *************** ************** Quizás, y eso es lo triste, sea esta una historia más frecuente de lo que nosotros no imaginamos, a diario vemos en las calles niños y adolescentes en las esquinas pidiendo a los que pasan, o seguramente conocemos a algún pibe que pasa todo el día en la calle, o que habla poco, que siempre esta triste, o que siempre viste de negro. Si buscamos un poco no nos será difícil encontrar una situación de estas, por todos lados hay familias Romero. Hoy hace dos años que mi hermana decidió irse para siempre de este mundo, con la esperanza de encontrar una vida mejor, y si bien al principio me costó entender su actitud hoy la comprendo perfectamente, y si bien la extraño mucho y me encuentro hoy en una situación similar no tengo el valor de seguir sus pasos........ aún.

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