C
omo casi todas las noches, sobre todo en las últimas semanas de clases, un grupo de jóvenes abandonaba el liceo 26 y se dirigían a una pequeña plaza que se encontraba a pocas cuadras y de la cual ya casi se sentían dueños.
Allí tomaban asiento alrededor de la mesa de hormigón y pasaban largo rato charlando sobre la vida.
Mientras la botella de cerveza, que nunca podía faltar, iba pasando de mano en mano los diferentes temas de conversación, que en realidad eran los mismos todas las noches, se iban sucediendo uno tras otro.
Primero hablaron del examen de filosofía. José opinaba que iba a ser fácil, mientras que Mónica decía que iba a ser difícil, Mariana (linda como pocas y zorra como muchas) pensaba que para Mónica cualquier cosa más allá de la tabla del dos era difícil, Fernando pensaba que Mariana era una estúpida, aunque estaba fuerte como un toro y a Carlos le chupaba un huevo el examen de filosofía.
Después hablaron (pestes obviamente) de otros compañeros que por supuesto no se encontraban presentes.
José fue quien comenzó diciendo que no soportaba a Mario porque siempre andaba mirándole el culo y que le parecía medio puto. Mariana se rió, dijo que a ella también le daba la impresión de que Mario era un poco trolo, pero solo lo decía para alejar sospechas y para que nadie se enterara de que cuando tenían hora libre ella y Mario se iban a revolcar juntos al laboratorio de física porque sabían que en el turno de la noche nunca iba nadie y siempre estaba vacío.
Fernando por su parte comentó que a él no le caía bien Nicolás porque siempre le estaba pidiendo cigarrillos pero cuando tenía nunca convidaba a nadie. A él no le gustaban los garroneros. Pero eso era mentira, la verdad era que no lo soportaba porque era un negro mugriento (como todos lo negros según él) y si pudiera lo pondría junto con todos los de su raza en una fosa común.
Mónica dijo que ella no tenía problemas con nadie, pero a veces le molestaba un poco la gente intolerante, porque después de todo si Dios nos había hecho diferentes era por alguna razón, pero nos amaba a todos por igual; y se guardó para ella el hecho de que Isaac le daba un asco insoportable simplemente por el hecho de ser judío.
Carlos se quedó callado porque todo le chupaba un huevo y todos pensaron que Carlos era un imbécil.
Mariana encendió un cigarrillo y luego le ofreció a Fernando el que le quedaba en la cajilla con la esperanza de que este lo rechazara puesto que era el último,
Fernando lo aceptó aunque tenía una cajilla llena porque no iba a desperdiciar la oportunidad de garronear, y ella lo puteó en su interior.
Mónica se alejó de Mariana porque le molestaba el humo, a Mónica siempre le molestaba algo, José pensó que era una gorda idiota y de bronca él también encendió un cigarrillo y entre los tres la taparon de humo.
Fernando se tiró un pedo de esos que salen sin hacer ruido pero que hieden como la gran puta y le echó la culpa a José porque quería dejarlo pegado delante de Mariana. José protestó que él no había sido y todo pensaron que había sido Carlos puesto que fue el único que no se rió, él siempre fue un poco amargo.
Así fue pasando el rato y como siempre terminaron hablando de sexo.
José le preguntó a Mónica que opinión tenía del sexo entre amigos, ella dijo que no le gustaba, ni loca se acostaría con un amigo porque después tendría que dejar de hablarle ¿En qué cabeza cabe que una siga hablando con gente con la que pasó algo? Para ella el sexo sin amor no tenía sentido, además primero había que casarse como Dios manda.
Todos pensaron que Mónica era una idiota que se iba a morir virgen.
Fernando le preguntó a Mariana si alguna vez había participado en una orgía, ella dijo que no pero nadie le creyó... no sé por que.
A su vez ella le hizo la misma pregunta a José, este respondió que una vez estuvo a punto pero como eran más hombres que mujeres se arrepintió porque le pareció que eran todos una manga de putos.
Mónica le preguntó a Carlos que opinaba del sexo sin amor, este le respondió sin siquiera mirarla que el amor le chupaba un huevo y que si dos personas se tenían ganas lo mejor que podían hacer era entregarse a sus bajos instintos y aunque ninguno dijo nada en el fondo todos estaban de acuerdo con él, incluso Mónica.
Carlos le preguntó a Mariana sobre la infidelidad y que opinión tenia de ella. Mariana le respondió que ella jamás le había sido infiel a su novio Agustín, quien tenía unas astas más grandes que los alces canadienses.
José hizo fuerza para no reírse, y aunque todos se dieron cuenta ninguno dijo nada.
Se hizo tarde y la última botella de cerveza quedó vacía, los amigos se despidieron entre besos y abrazos. Todos coincidieron en que tenían mucho sueño y se morían de ganas de acostarse a dormir. En la esquina se separaron y cada uno siguió su camino.
Mariana volvió al liceo, saltó el muro y furtivamente entró en el laboratorio de física, allí la esperaba Mario que ya estaba medio desnudo.
Fernando se tomó el 505 y aunque un poco tarde llegó a su reunión semanal con sus “hermanos del Ku Klux Klan”
José se fue a milenio en donde quedó en encontrarse con un traba que había conocido en el “Latin Chat”. Nunca se habían visto personalmente pero quedaron en encontrarse en la barra, él iba a estar disfrazado de Britney Spears. Por su parte José, o Loly, que era el apodo con el que entraba en el “Latin Chat” llevaría una pollerita rosada que se había comprado el domingo en la feria de Tristán Narvaja.
Mónica se fue al cine porno de tres cruces en donde unos amigos de la iglesia “Dios es amor” festejaban un cumpleaños.
Carlos se fue caminando a su casa, se quería acostar temprano porque sino iba a llegar tarde al trabajo, aunque en realidad le chupaba un huevo.