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esde que Joel era tan solo un chiquillo siempre se había preguntado que sabor tenían los cigarrillos. Su ídolo máximo era aquel señor vestido de cow boy que protagonizaba los avisos publicitarios de “Marlboro”.
El pequeño Joel decía “cuando sea grande voy a fumar cigarrillos Marlboro”
A los once años Joel estaba en sexto grado, e iba a una escuela cual se encontraba frente a un liceo. A esta edad ya le habían empezado a llamar la atención las chicas y si bien se fijaba en sus compañeritas de clase, lo que más le atraía eran las féminas de la vereda de enfrente, por lo que se la pasaba mirando por la ventana de su salón a cuanto par de tetas liceales se cruzaran en su campo visual.
Joel tenía una vecinita, se llamaba Marlene, él siempre estubo enamorado de ella aunque nunca se animó a decírselo.
Marlene, que rea un año mayor que Joel, concurría al ya mencionado liceo y él le miraba las tetas por la ya mencionada ventana.
Una mañana, antes de entrar a clases, descubrió que ella fumaba. Marlene se había acercado a un compañero para pedirle un cigarrillo, éste la miró con la cara más babosa que era capaz de poner y le dijo
---están acá, sacalos.
Ella se sonrió y metió la mano en el bolsillo delantero derecho del pantalón de su compañero, demoró unos minutos (Joel no se explicaba porqué) y luego sacó del interior del pantalón una cajilla de “Marlboro”, tomó un cigarrillo y volvió a meter la cajilla en el bolsillo (demorando otra vez un par de minutos en sacar la mano).
Joel se dijo a sí mismo “cuando valla al liceo voy a fumar Marlboro”.
En el liceo hizo Joel un montón de amigos nuevos, pero ninguno fumaba por que sus padres les habían dicho que fuma r era peligroso porque te podías agarrar cáncer en los pulmones y que además era quemar plata al pedo.
El adolescente Joel quedó confundido, él siempre había pensado que fumar era bueno, en los reclames siempre se hablaba del sabor de los cigarrillos ¡y todos estaban tan contentos! Ninguno parecía tener cáncer. Así fue que en cuanto llegó a su casa le preguntó al padre si era verdad lo que sus compañeros le habían comentado.
---Si hijo es verdad, el fumar produce cáncer de pulmón, pero también puede producir cáncer en la lengua, aumentar el riesgo de un ataque cardíaco y dejarte los dientes amarillos.
El padre de Joel hizo una pausa es su discurso para encender un cigarrillo “Marlboro” y luego a la vez que exhalaba el humo, con un visible placer, le dijo
---¡Si te llego a ver con un pucho en la boca te rompo el culo a patadas!
Joel se retiró a su cuarto, que a decir verdad era un cuchitril mugriento que daba asco y que tenía un olor a pata que se le impregnaba en la ropa a cualquiera que se atreviera entrar, y allí se quedó pensativo.
---Así que es verdad que fumar es malo – se dijo a sí mismo – ¡además no quiero que papá me agarre a patadas en el ojete! Justo en ese momento pasaban en la tele un aviso de “Marlboro” y Joel pensó que debía de tener un sabor estupendo aquel cigarrillo a juzgar por la expresión del rostro del cow boy.
Entonces se le ocurrió que si no tragaba el humo no se iba a agarrar cáncer en los pulmones, pero después de pensarlo bien se planteó que de todas formas le iban a quedar los dientes amarillos y quizás igual le diera cáncer en la lengua.
Pero en el liceo todos los que estaban rodeados de minas fumaban y Marlene también fumaba, y de pronto ¡eureka! Había encontrado la solución; optó por comprar una cajilla de “Marlboro” y llevarla siempre en el bolsillo delantero de su pantalón, él no se los iba a fumar (aunque se moría de ganas), eran para convidar a las féminas, en especial a Marlene que había repetido el año por quedarse en el patio y llenarse de faltas. Estaban en la misma clase y él le miraba las tetas sin ningún disimulo.
Los días fueron pasando, Joel seguía con sus cigarrillos en el bolsillo delantero de su pantalón, esperando a que Marlene le pidiera uno y él le pudiera decir “ están acá, agarralos”. Pero el hecho fue que ella nunca lo hacía, Joel iba convidando a otras personas por lo que cada vez le quedaban menos.
Cuando una mañana en un recreo se percató de que solo le quedaba un solo cigarrillo le agarraron unas ganas bárbaras de fumárselo y conocer el sabor (“el sabor del mundo Marlboro” trade mark, all right reserved), pero entonces pensó que si se lo fumaba y Marlene venía a pedirle uno el ya no tendría más, entonces dejando atrás sus deseos decidió guardarlo nuevamente en la cajilla, pero justo apareció uno de sexto que estaba salado de grande y además era de la barra brava de Cerro F.C. y le dijo que si no se lo iba a fumar él se lo fumaba, o sino que le rompía la cara. Antes de que Joel tuviera tiempo de decir nada el grandote ya se alejaba por el corredor con el cigarrillo colgándole de los labios. Al llegar al busto de Artigas se cruzó con Marlene, ella le pidió un cigarro, él sin sacarle la vista de las tetas le dijo apuntando con el dedo a Joel
---pedíle al gil aquel que está parado allá.
Ella se acercó, contorneándose como solo las chicas que se saben bellas lo saben hacer, se paró frente a Joel y hablándole con voz sensual poniendo su boca muy cerca de la de él le dijo.
---¿Tenés un cigarro, lindo?
---No, respondió Joel tartamudeando porque la sangre se le había agolpado en su miembro viril dejando sin irrigación a su cerebro, le di el último al pibe aquel que esta allá en la escalera.
Marlene lo miró con desprecio, alejándose rápidamente de él, luego de alejarse unos pasos le dijo.
---No servís para nada, ¡y dejá de mirarme las tetas pelotudo!
Este incidente le produjo a Joel un trauma que jamás logró superar en su totalidad, ni siquiera con los seis años de terapia ininterrumpida con el Dr. Philips Morris, terapia que pudo ser costeada gracias al excelente salario que percibía su padre quien se desempeñaba como gerente de marketing de la British American Tobaco.
Lo cierto es que Joel pasaba sus días encerrado en su habitación, de la que solo salía para ir al baño, o eventualmente a alguna manifestación contra el tabaquismo, también de vez en cuando asistía a algún festival en beneficio de los enfermos de cáncer de pulmón.
Joel se sintió orgulloso de ser un no fumador, e incluso odió los reclames de Marlboro y a su ídolo de la niñez.
Usted lector se preguntará seguramente porque dije sintió en lugar de siente y puse odió en lugar de odiar, bueno lo que sucedió fue que a la edad de 26 años
Joel se agarró cáncer de colon y se murió.